martes, 13 de noviembre de 2012

Cult Of Youth - Love Will Prevail (2012)

Cult of Youth han tomado un camino de no retorno. Desde la primaria brutalidad del western crepuscular hasta la sofisticación suntuosa del exótico oriente. Love Will Prevail pone solución de continuidad, quién sabe si demasiado pronto, al folk-country de grandes dramas existenciales y mucho alcohol. Desde la taberna hasta Pekín. En su particular ruta de la seda, Cult of Youth ofrecen canciones maravillosas, canciones aburridas e incluso furibundos y diminutos alegatos en defensa de su anterior trabajo. El viaje es largo y nadie dijo que fuera regular. El culto a la juventud se traducía, en Cult of Youth, en canciones furiosamente interpretadas, desde el alcoholismo en plena orgía de imágenes surgidas de cualquier filme de Sergio Leone. Aquello era música para un atardecer eterno y casi siempre con esperanza. Canciones primitivas, simples, cantadas desde lo alto de la colina, en plena madrugada, a todo pulmón, con una botella de Jack Daniels en la mano. Sean Ragon hizo del folk, y a ratos del country, un refugio en absoluto hedonista y autocomplaciente desde el que expresar sus frustraciones (y las nuestras).

Culth of Youth también era un disco que, por momentos, no era capaz de igualar sus mejores momentos. Supongo que Ragon, líder del grupo, comprendía que la fórmula se agotaba y que era necesario avanzar hacia otro lugar. Mantener las virtudes y pulir los defectos. El sendero tomado por Cult of Youth les conduce hacia una sofisticación no prevista en su disco debut. Vientos, cuerdas, percusiones tribales, en Love Will Prevail hay menos folk de taberna y más arreglos a lo new wave. Cult of Youth salen bien parados, al menos en sus mejores momentos, del experimento.

Sólo hay que pensar en cuán diferente es ‘Man and Man’s Ruin’ de ‘New West’, y cuánto dice cada una de ellas de sus respectivos discos. ‘Man and Man’s Ruin’ es seguramente la mejor canción de Love Will Prevail, desde sus intricados y delicados detalles hasta la exquisita y emocionante progresión final. Reagon canta más comedido y opta por la épica victoriosa en vez de la derrotista. Hay trompetas, hay cursos de agua, hay guitarras rasgadas con más amor y menos frustración, hay coros y violines sostenidos. En resumen, hay un salto compositivo evidente. Love Will Prevail es un disco que cuenta con una primera mitad muy buena y una segunda mitad muy mediocre. Las cinco primeras canciones se entrelazan entre sí, vuelan en un suspiro y están llenas de ganchos. ‘Golden Age’, pese al tono inevitablemente ochentero, termina resultando bastante adictiva.‘Prince of Peace’ recupera el aire de ‘Man and Man’s Ruin’ —esas percusiones iniciales— y, atención, torna en una pseudo-psicodelia de lo más placentera. No es lisergia: es el hedonismo ideal de oriente próximo, de lo que esconden los misterios de la India, el Vietnam o la China.
También cambia el mensaje, y el amor prevalece. Cult of Youth no desprecian del todo sus orígenes y recuperan cierto pulso perdido en ‘Garden of Delights’, que, sin embargo, termina cambiando de ritmo cuando Ragon susurra “and love will prevail”, en un alegato, casi heroico, tras las inquietantes descargas eléctricas que centralizan la canción. Cult of Youth son unos románticos y, pese a que nada parecía indicarlo, cultivan una sorprendente devoción por la dulzura.

Da gusto revolcarse en ‘A New Way (Version)’ pero no tanto en ‘New Old Ways’, que deriva en una paranoia no especialmente consistente y bastante aburrida. Algo parecido le sucede a la recta final del disco. ‘The Gateway’ busca un tono más oscuro, pero los arreglos de violín no ayudan, ni el excesivo reverb. ‘To Lay With The Wolves’ mejora, pero mantiene ese aire apocalíptico y tremendista que suena impostado y no logra recuperar los brillos del inicio del disco. Se puede decir lo mismo de ‘It Took a Lifetime’.
Sin embargo, Cult of Youth también han sido capaces de reservarse un guiño maestro. ‘Path of Total Freedom’ es todo lo que fue Cult of Youth y nos devuelve otra vez al western, al country, a Johnny Cash, a cantar borrachos desde la cima del mundo. Es un oasis de apenas un minuto, la recaída en la taberna a mitad de camino entre la cabaña del desierto de Nevada y las mansiones lujosas y suntuosas que esconde Love Will Prevail. Merece la pena viajar por la ruta que proponen Cult of Youth, porque, al menos por un rato, te vuelven a introducir al cielo por la puerta trasera. Hipersonica





lunes, 12 de noviembre de 2012

Motion Sickness Of Time Travel - Luminaries & Synastry (2011)

Tucked into some remote woods in Georgia, Rachel and Grant Evans have created a kind of mom-and-pop drone factory. Between their duo Quiet Evenings, Grant's Nova Scotian Arms, and Rachel's Motion Sickness of Time Travel, they've spun reams of drone, mostly on small-run cassettes and CD-Rs. Of the three projects, MSOTT leans most toward song-like structures.

Though her work is often meditative and abstract, filled with busy synths and widescreen reverb, Evans has a knack for shaping subtle rhythms, slow crescendos, and the wordless phrasings of her own voice. That voice is more prominent than ever before on Luminaries & Synastry, the best MSOTT effort to date. It's not quite right to say Evans' singing is the center of these songs-- each piece is too unified to let any element dominate. But there's something uncanny about the way her voice melts with her drifting tones, as if it's both responding to the music and spawning it. (That effect is mirrored in the fluid visual montages Evans made for "Day Glow" and "Late Day Sun Silhouettes"). Such circular motion produces the feel of a sonic Möbius strip, with each song looping in on itself until time seems to stand still.

This illusion of timelessness might suggest that the name Motion Sickness of Time Travel (taken from William Burroughs' novel The Soft Machine) is inappropriate, but in fact it's quite apt. Though her soothing atmospheres are never exactly queasy, Evans' way of making time elastic-- unpredictably stretching and shrinking it-- produces a kind of mesmerizing disorientation. Often it feels like she's re-enacting the fuzzy, time-defying boundary between consciousness and sleep: Drift into her music, and you might feel like you’re drowsily blinking to make out figures in the dark, or waking from a nap-long dream that seemed to last a day.

Which might be why, despite being relatively short for drone pieces, the songs on Luminaries & Synastry feel as long and developed as those of any previous MSOTT work. So a track like "Ascendant", with its misty tones that cast even dewier shadows, can come as close to infinity in six minutes as, say, Spacemen 3's epic "An Evening of Contemporary Sitar Music" can in 45. It might seem like a stretch to place MSOTT in such lofty company so soon, butLuminaries & Synastry sounds ready and willing to stand the test of timelessness Evans made for it. Pitchfork




jueves, 8 de noviembre de 2012

Andy Stott - Luxury Problems (2012)

Sigue sin quedar claro a estas alturas si “Passed Me By” y “We Stay Together” eran dos EPs que luego se convirtieron en un pack completo en CD –la reedición incluía un par de temas extra para que el ítem multiplicara su empaque–, o dos álbumes (breves) condensados en un periodo de tiempo muy corto. Lo que sí es perfectamente claro e indiscutible es que esos supuestos EPs costaban su precio en oro y que el precio valía la pena pagarlo hasta el último céntimo: en aquellas dos obras –gemelas tanto en diseño como en la edificación del sonido, donde el de Manchester dialogaba con Actress en la emergente confección de un nuevo tipo de techno–, Andy Stott daba rienda suelta a un sonido altamente ralentizado, de textura viscosa y con un tipo de movimiento chocante para lo que se llevaba cociendo en el canon del clubbing experimental desde hacía años, horizontal en su jerarquía, arrastrado como por el barro, en el lado más esotérico de la cosa. Como ya se dijo y se dirá todas las veces que haga falta, la aportación de Stott al lenguaje techno del presente siglo no era exactamente la geometría abstracta envuelta en niebla de Actress, sino la apropiación de la estética aletargada del hip hop screwed & chopped adaptada al beat 4x4, que sonaba entonces como afectado por una dosis fuerte de codeína.

Aunque ha habido algunos intentos de imitación en el último año, ese tipo de estética le corresponde a Andy Stott en exclusiva. El inglés logró escapar a su propia rutina –el techno heredero de Detroit, noctámbulo y taciturno, muy parecido al de Claro Intelecto que asomó con fuerza en“Merciless” (2006), con algunos arreglos de piano por ahí desperdigados– y consiguió por fin la conjunción de sus orígenes con sus maniobras exploratorias en otros campos, sobre todo los maxis de dubstep y techno pulsante que firmó como Andrea. Establecida esa pauta de trabajo, la gran responsabilidad para Stott estaba en no estancarse en unos procedimientos que le llevaran, de nuevo, a la rutina, y por eso“Luxury Problems” es para él un álbum especialmente importante, pues tenía la obligación de prolongar la vía indagatoria abierta en su díptico de 2011 sin repetirse descaradamente. Y eso, aunque parezca un encaje de bolillos imposible, es lo que consigue exactamente: muchos de los ocho cortes del (ahora sí) álbum –a pesar de editarse también en doble vinilo, hasta un total de ocho tracks, dura 45 minutos– comparten la lentitud embarrada de “Passed Me By”; en ese sentido, no hay una ruptura drástica, sino una evolución lógica: “Hatch The Plan”, “Numb” y “Lost And Found”, por ejemplo, son piezas que avanzan renqueando o con la barriga a ras de suelo por las zonas más sucias del techno contemporáneo. La novedad está en cómo Andy Stott, que sabe que vuelve a estar en zona letárgica, sabe embellecer con arreglos nuevos un tipo de música que, de tanto perfeccionarla, ya se le empezaba a quedar obvia.

Su recurso ha sido trabajar con Alison Skidmore en cinco de los ocho tracks. Skidmore, se cuenta, fue la profesora de piano de Andy Stott cuando este aprendía a tocar el bello instrumento en su edad adolescente, y tras haber concluido aquellas clases –la típica transacción entre profesora particular y los padres del joven aspirante a músico–, nunca más volvieron a coincidir hasta un encuentro casual que acabó dando pie a una extraña colaboración en la que el alumno toca el piano en pocas ocasiones y la profesora, en vez de tañer, se dedica al canto. Cuando Alison aporta su intuición vocal es para entonar notas en un registro bajo –así, a oído, parece tener voz de contralto, aunque quizá sea una mezzo con exceso de post-producción hacia el grave– que en el contexto del álbum suena como un inciso de ópera contemporánea, como de Britten o Strauss, inserto en el más retorcido giro al canon de Detroit. Entendido así, “Luxury Problems” es un triunfo: Stott ha logrado ir aún más allá en su viaje a lo desconocido y plantar una nueva pica en territorio ignoto, a veces reconocible como techno (“Sleepless” se sustenta sobre una bassline rolliza, un beat que se despereza con insistencia y un juego de voces que alterna el pico agudo de la rave diva y el registro grave a lo Theo Parrish) y casi siempre en los márgenes del propio techno (“Expecting” es un ejercicio aislacionista, formado a partir de capas gélidas y de textura metálica, que poco a poco va limpiándose de herrumbre y tristeza para concluir en un minuto nítido de inspiración dub, una conquista de belleza tras siete minutos luchando contra la penumbra).

Más allá de eso, “Luxury Problems” ofrece todavía nuevas sorpresas. Una de ellas es la palidez casi trip hop de “Hatch The Plan”, que sugiere que, si hay un nuevo paso en esta dirección, será en busca de algo parecido al pop y a la melancolía. Incluso el tema homónimo, “Luxury Problems”, parece buscar desesperadamente un resquicio de luz para desatascar una euforia que finalmente no llega, o mejor dicho, llega un tema más tarde, en el caótico amasijo de breaks acelerados de “Up The Box”, que utiliza el mismo sistema amortiguado, screwed y mohoso para darle un giro estético al drum’n’bass. Y como signo decisivo, la última pieza, “Leaving”, se eleva hacia el cielo en una beatífica toma de voz etérea –Alison Skidmore en modo Julee Cruise–, bajos cósmicos y sintes que, por fin, quieren dejar la mundanidad sucia y perseguir lo inefable. Y de este modo, “Luxury Problems”, que es un trabajo autónomo y talentoso, sirve también como cierre perfecto a una trilogía en la que Andy Stott le ha dado la vuelta al techno demostrando que se pueden hacer cosas nuevas e inesperadas, algo tan sencillo como lanzarse a la piscina –como la niña que gira en plena voltereta en la portada– sin miedo y confiando en que abajo haya agua. Playground



miércoles, 7 de noviembre de 2012

Beak - >> (2012)

Geoff Barrow doesn't do anything half-assed. His primary band, Portishead, are notorious for taking an average of seven years between albums to acheive that perfect shade of noir. But each of the items in Barrow's bursting dossier of extracurricular assignments bears his meticulous touch. When he feels like making a hip-hop record, he assembles one with 41 tracks and 30-plus guest MCs. When he wants to sign a rock band to his Invada imprint, he goes for one built from a Paul’s Boutique-level of sample-based bricolage. When he scores a production gig for an NME-endorsed group of garage-punk pin-ups, he refashions them aswidescreen-visioned psychedelic goths. And when he's in the mood to hear some Krautrock, rather than just dust off his well-worn copy of Tago Mago, he makes a BEAK> record.

Krautrock, of course, has become as much of a default mode for experimental indie bands as the blues was for a previous generation of classic-rockers. And in BEAK>'s case, the sonic resemblances to their 70s forbears can be, well, unCanny: even more so than the band's self-titled 2009 debut, >> sounds like it was recorded inside of Jaki Liebezeit's kick drum, all hypno-bass throb, heavy percussive grooves, and buzzing analog synths. Krautrock is synonymous with a certain rhythmic precision and propulsion, but BEAK> don't just lock into a motorik beat and activate the cruise control. Rather, they see the music as part of a broader continuum, digging up its roots in the frazzled psychedelia of Syd Barrett-era Pink Floyd, funk, and musique concrete, while emphasizing its influence on everything from electro and post-punk to Italian horror-movie soundtracks and stoner-metal.

As the lone keystroke difference between the first and second album titles suggest, this is a band that progresses in increments. BEAK>> retains the same eerie, claustrophobic atmosphere as its predecessor-- after all, its opening track is a sludgy, slow-motion swirl of police-siren effects called "The Gaol"-- and the ominously indecipherable vocals sound like they were recorded by the mouth-less dummies seen in their press shots. But the new album also boasts a brisker pace-- spurred by the excitable synth-rock thrust of "Yatton" and "Elevator", and the mushroom-heady funk of "Spinning Top"-- tauter arrangements, and a more purposeful sequence: All roads lead to side two's seven-minute colossus "Wulfstan II", an Earth-quaking jolt of brown-acid rock whose unrelenting, fuzz-bomb stomp is periodically interrupted by well-timed, organ-guided breakdowns, only to reemerge more nasty and unforgiving than before. (Though its Richter-scale reading is almost matched by the slow-creeping closer "Kidney", which begins as a Young Marble Giants murmur before erupting into a Slintian roar.) Barrow recently quipped to Rolling Stone that it could be another "fucking 10 years" before we see a new Portishead record; whether he was joking or not, the wait will feel a little less interminable so long as this band continues to put their best > forward. Pitchfork

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Blanck Mass - White Math (2012)

Blanck Mass is Benjamin John Power, occasionally known as one half of Fuck Buttons. After releasing his self-titled debut album through Rock Action in 2011, Blanck Mass returns with another expansive, churning release of epic proportions. White Math / Polymorph, a double A-side 12″ release sees Power’s return to his Blanck Mass moniker, now via the Software Recording Company. Mr. Power is in full “thrusters-on” mode. A raw, unnerving mid-90s virtual analog techno feel propels the two sides – White Math / Polymorph - into an outer limit legacy of UK big room acts Underworld, Orbital, Leftfield et al. Clocking in at 21+ minutes, these two are growers. However, the tracks do impact instantly in the same way that a John Woo neo-Tokyo helicopter flyover might. Software

martes, 6 de noviembre de 2012

Silent Servant - Negative Fascination (2012)

Silent Servant - former Tropic Of Cancer and Sandwell District producer, Juan Mendez - makes his stunning album debut with the poised fusion of epic techno, primitive post punk, and industrial electronics on 'Negative Fascination' for Dominick "Prurient/Vatican Shadow" Fernow's Hospital Productions. Now nine months since he stopped recording with Sandwell District, Mendez has explored his divergent yet compatible tastes to their fullest, recognising and reconciling their congruent rhythms, atmospheres and intentions with alchemical ability. If you're familiar with his previous trajectories you'll no doubt be seriously impressed with his balance and contrast of time-honoured elements, from the bellicose sci-fi romance of 'Process (Introduction)' to the full flight techno escapism of 'Utopian Disaster (End)', and if you're new to his sound - whether you're a noise freak wondering what the f*ck Hospital Productions are doing releasing a techno album, or a techno head who's baffled by the raspy drums - you should be quickly realising that this stuff is the way forward. From the wave-scanning intro he spins a bleakly noirish narrative, slowly building tension with 'Invocation Of Lust''s acid hypnosis and the stoic deployment of drones and agitated drum machine slaves on 'Moral Divide (Endless)' that resolves with gritted techno determination on 'The Strange Attractor'. Yet perhaps our favourite moment is 'Temptation & Desire', sounding like the converged darkroom visions of Front 242 and Stephen Morris, but if any cut shocks us the most, it's 'A Path Eternal', revealing SS at his most unreservedly sublime and vulnerable without his usual, armour-plated chassis of beats. It all surely adds up to one of the most impressive examples of modern industrial techno you'll hear this year, one which doesn't merely pay deference to its roots, but nourishes and augments them with the kind of vision that imparts the strong feeling that he's really been biding his time, 'til now... Boomkat



Sinkane - Mars (2012)

Primero las presentaciones. El nombre real de Sinkane es Ahmed Gallab, multiinstrumentista nacido en Sudán, criado en Ohio y actualmente residente en Brooklyn. Pero antes de dar el salto a la gran metrópolis se labró un camino como batería de bandas DIY de Columbus como Sweetheart, Pompeii, This Morning y Legion of Doom. Más tarde su carrera dio un salto enorme al ser fichado por Caribou, de nuevo, como batería. De ahí le salieron otros trabajos con of Montreal o Yeasayer, banda de la que actualmente es miembro regular. Pero había algo en él que le reclamaba a gritos crear su propia música y no quedarse siempre en la sombra, por lo que rápidamente dio con este pseudónimo, primero para editar dos trabajos en Emergency Umbrella Records que pasaron bastante desapercibidos. Así, no fue hasta que colgó en Bandcamp su sencillo “Runnin’”, que incluía cuatro versiones del mismo tema, una de las cuales firmadas por Daphni (el alias bailable del citado Caribou), que empezó a captar la atención que merecía. Se entiende, pues, que en este nuevo proyecto las colaboraciones sean muy importantes, ya que Gallab ha aprovechado la extensa red de contactos que ha forjado en los últimos años para llamar a sus colegas para que le echen una mano con su nuevo álbum, “Mars”, que muy apropiadamente edita DFA.

Durante la gestación del disco, Sinkane asegura que escuchó mucho“soul, electrónica, country-western, dub y música de Sudán”. Bastante de eso hay en “Mars”, un trabajo en el que toca todos los instrumentos, hasta tal punto de que en cada canción toca al menos tres de ellos y en“Caparundi” bate el récord con nueve. Pero probablemente, el más importante de ellos sea el bajo, pues no en vano en buena parte de su minutaje el LP bascula entre un disco y un funk que encaja a las mil maravillas con el de DFA (“Runnin’” podría haber venido firmado por cualquiera de las mil bandas que han salido de dicha cantera). Buen ejemplo de ello es “Making Time”, uno de los mejores y más pegadizos temas del lote. Un disco-funk de voz robotizada y un solo de guitarra a cargo de George Lewis Jr. (Twin Shadow) que hará mojar ropa interior.“Jeeper Creeper” mantiene su vocación bailable para ofrecer una suerte de relectura del clásico de Yeasayer “2080”. Todas las piezas del puzzle encajan cuando nos enteramos que Ira Wolf Tuton aparece en el corte como bajista. Vamos, que si eres de los que no está satisfecho con los resultados de su tercer disco, “Fragrant World”, esto te puede salvar el día. De entre las pistas más convencionales también se encuentra “Warm Spell”, una psicodélica y caleidoscópica pieza de aromas tropicales que recuerda a los Woods más abiertos y soleados.

Pero “Mars” también tiene momentos en los que se hace explícita esa mezcla de sonidos tan particular que se deduce de su concienzuda escucha a música de todo tipo. “Love Sick” es una simpática pieza de dub con toques krautrock (hasta utiliza un sample del “Spoon” de Can) con flautas asilvestradas obra de stutzmcgee. Dicho instrumento cobra mucha importancia en la segunda mitad del disco, especialmente en ese exquisito solo que se marca en la pieza titular, un free jazz donde la percusión y los vientos van por libre. “Caparundi” vuelve a incidir en los sonidos psicodélicos, pero esta vez con una pieza mucho más reposada, muy de estar tumbado entre mullidos cojines y fumando de una cachimba, con la voz de Gallab rivalizando con la de un Roberto Carlos Lange cantando en español. En definitiva, Sinkane ha dado con un trabajo en el que sus dos lados se complementan muy bien. Se agradecen enormemente los pasajes más amenos y accesibles, pero también resulta francamente estimulante cuando se pone ligeramente experimental y coquetea con géneros lejanos al indie pop. Playground

Sinkane - Mars on Soundcloud


lunes, 5 de noviembre de 2012

Umberto - Night Has A Thousand Screams (2012)

Of all the Goblin/Fabio Frizzi indebted synthesizer fetishists to emerge over the last few years, Umberto has proven himself to be the most crucial, and probably the most versatile. Injecting the sound with a mischief and avoiding any whiff of zaniness, his last bevvy of records showed a surprising breadth of character, and this latest for Mogwai's Rock Action record is possibly his most coherent to date. Funnily enough it was put together as a soundtrack for the Glasgow Music & Film Festival in February, and given an actual cinematic goal seems to have inspired the best out of our leather-gloved protagonist. 'Night Has A Thousand Screams' was pieced together with love and a deep appreciation for soundtracks passed, but in the same breath we're not subjected to a simple retreading of 'The Beyond' and 'Suspiria'. There's a knowledge of contemporary electronic music in there, occasionally surfacing in 'The Investigation' and 'Paralyzed' which gives the album a backbone of modernity. Sure the Italian film soundtracks of 1975-1983 are the starting point, but Umberto has made this sound his own, and 'Night Has A Thousand Screams' is all the better for it. Boomkat

Umberto - Night Has A Thousand Screams on Spotify
Umberto - Night Has A Thousand Screams on Bandcamp